ESPÉRAME TANTITO MUERTE, AHORITA NOS VAMOS
Sucede que en la comunidad del Garbanzo de Solís el sol fue apresado por un bando de torvos nubarrones que no lo dejan salir desde hace varios días. Los vecinos del lugar acudimos con Herminio, el delegado, para exigirle que hiciera algo al respecto. Él más a fuerzas que de ganas fue a quejarse con las autoridades municipales de Tarimoro, quienes le dijeron que esos asuntos ya no eran de su competencia, que no estuviera “chiflando el pinole”, y que en vez de andar de argüendero mejor se pusiera a darle gracias a Dios por las agüitas que nos hizo el favor de mandarnos. Herminio volvió y nos puso una regañiza a todos los habitantes del Garbanzo, nos dijo que ya no estuviéramos moliendo, que nos fuéramos a hacer nuestros quehaceres de cristianos, y que ya no lo anduviéramos metiendo en nuestros asuntos de viejas chimoleras. Pero nosotros no nos quedamos a gusto, entonces decidimos dirigirnos directamente con las nubes para pedirles de favor que se largaran. Les estuvimos gritando por un buen rato que no mancharan, que en buena onda ya dejaran salir al pobre sol antes de que se nos fuera a resfriar por pasar tanto tiempo en medio de ellas tan húmedas. No nos hacían caso las méndigas nubes, sólo nos aventaban agua y fingían que no nos escuchaban, igualito que los policías cuando fuimos a quejarnos a la capital por lo del problema de las tierras. Algunos comenzamos a arrojarles piedras pero no les alcanzábamos a pegar, antes más bien salimos descalabrados.
Sucede que yo ya no aguantaba las reumas de mis piernas y por eso decidí irme de la comunidad, aparejé un burro, me le trepé y me fui rumbo a la sierra.
- ¿A dónde vas?
- A cualquier lugar donde halla sol.
- ¿Qué tal si el sol ya se apagó?
- Pos… pos… pos hay a ver entonces a dónde llego.
Anduve buscando al sol por varios días pero no lo encontré, el dolor de mis piernas se volvió insoportable, tanto que decidí aventarme al barranco y morirme de una buena vez para ver si así se me calmaban las dolencias. Y lo hice, desafortunadamente no me morí y ahora ya no sólo me dolían las piernas, sino todo el cuerpo. Un pastor que me encontró tirado en un arrollo varios días después de que me arrojé al abismo me dijo que por poquito y no la contaba, que ya andaba alrededor de mí una familia de cuervos bien atentos, nomás esperando a que me cargara el chahuiscle para darse una buena botaneada. El hombre me llevó a su casa para curarme y ahí me dejó mientras iba a recoger las chivas que le faltaban.
- Orita vengo, tú quédate ahí sin moverte y si tocan nomás no abras, porque apoco y es la muerte y te lleva. Ya en dado caso de que sea ella, si no le abres la puerta y se brinca por la ventana, tú nomás dile: “Espérame tantito muerte, ahorita nos vamos” y te haces guaje un rato para que me dé tiempo de llegar y entonces sí, le ponemos su buena monda entre los dos.
Me quedé tirado en un petate, haciéndole caso al hombre de que no me moviera, porque aunque quisiera pos no podía. Y ahí estaba yo pues, tranquilo. Cuando…
…Toc,toc… De pronto sonó la puerta.
Toc, toc.
-¿quién?
-somos los cuervos.
-¡oh chihuahua!, que no ven que todavía no estoy muerto. Si gustan darse una vuelta más al rato.
-¿cómo a qué horas más o menos?
-no sé, ya en la tardecita.
-ok.
Ya como a las 7:00 pm. volvieron los cuervos con cuchillos y tenedores. Las señoras cuervo traían delantales, cazuelas y demás utensilios de cocina; los cuervos más pequeños usaban baberos anudados en el cuello. Yo todavía no estaba completamente muerto cuando comenzaron a desgarrarme y a tragar mi carne, pero no me importó, pues sabía que tarde o temprano eso ocurriría.
Al amanecer del día siguiente las nubes se habían ido del Garbanzo. Unos compadres míos vinieron a la casa del pastor y se llevaron mis huesos y mis pedazos de músculo que todavía quedaban para darles cristiana sepultura. Así fue que por fin me puse a descansar bajo un cielo soleado y tan azul como nunca antes se había visto por estos rumbos.
EduardoFLORES
Eduardo, es un chico con quien he tenido el gusto de compartir el aula, la risa y los cuentos.
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