Aquí andamos...

Los textos aquí presentes son de los estudiantes de la Escuela Normal Superior Oficial de Guanajuato... algunos son creaciones de la asignatura de Estrategias para el Estudio y la Comunicación y otros... en esos ratos en los que se entrecierran los ojos y te evades ligeramente de la realidad.

jueves, 19 de enero de 2012

Las escaleras

De vergüenza en vergüenza

 ¡Hoy me di un santo rodillazo! Que yo no sé qué tiene de santo, pero así dicen en mi rancho. Llegué corriendo a la escuela secundaria, pues el tiempo es implacable y en un momento y otro se llegaba la hora de observar la clase de Aby. 

        Como en Guanajuato casi todas las escuelas están en los cerros, casi todas tienen escaleras… A pesar de estar en el límite de tiempo, en lugar de 10 minutos antes, llegué muy digna, apenas unos cuantos minutos antes de que comenzara la clase. Cuando alcanzaba al último escalón por error metí el zapato en la campana del pantalón y lentamente caí de rodillas. Lo primero que hice, con un reflejo que me sorprendió a  mis 49 años, fue voltear a ver quién me había visto. Al levantar la mirada... toda la chiquillada que había llegado tarde estaba ahí, amonada en las escaleras. La persona encargada de la puerta, me dijo: ¡Ay, señora! ¿Se lástimo? Y sólo acerté a contestar: no, sólo me caí.

Pensé que lo mejor era que los chicos, quienes tenían una cara de pena porque estaban detenidos por haber llegado tarde, ni caso me habían hecho. Entonces me senté en el escalón, saqué mi pomadita y me la unté rápidamente en la rodilla derecha. Me sacudí el pantalón y en un dos por tres ya estaba subiendo el siguiente tramo de escalones muy ufana por llegar a observar la clase. Y en eso qué oigo una voz detrás de mi: "se vio chida la ruca". 

Hasta olvidé el dolor del golpe, al tiempo que sentía cómo el color subía por mi rostro y me dije: ¡Ay! Cómo duele el orgullo.


La visita a la Secundaria Victoria
La siguiente parada...

Terminó la clase de Aby y llegué a la clase de Jess, que iniciaba a las 10:45, después del receso. En esta ocasión sí llegué 10 minutos antes para observar con tristeza como Las batallas del desierto pasaban de pie en pie ¿o de pata en pata?... hasta que recogí el libro y por más que lo sacudí no podía quitarle las huellas de la ignorancia, el desamor a la lectura y lo maltrecho de sus hojas. 

Dieron el toque y los chiquillos de 1o. "E" seguían  en su afán de mostrar su fuerza bruta, aventándose unos contra otros para ver "quién aguantaba más". Las niñas comenzaron a entrar al salón. De la tutora y practicante ni sus luces y los chiquillos con su voz de tenores, contratenores, barítonos y bajos a todo lo que daba... hasta que llegó el director. Pasó junto de mi y me miró directo a los ojos. Me sentí pequeñita y la puerta del salón  de 1o. "E" parecía como si  me succionará. El director caminó gritando a los niños: "A ver señores, a ver. Ya métanse a sus salones." La mayoría de los jóvenes hicieron lo que se les indicaba. Mientras el 1o. "E" continuaba como en una jaula de cotorros. 

Lentamente regresó el director hasta el lugar donde estaba parada -a un lado de la puerta- y me miró sostenidamente esperando una respuesta a la pregunta no formulada. No, no lo pude evitar e inmediatamente me metía al salón y dije: 
- Hey you guys, let´s sing a song! And started: Head, shoulders, knees and toes, knees a toes.  

Los chiquillos que ya tenían como 10 minutos sin hacer nada comenzaron a realizar los movimientos sin entender lo que decían... He de confesar que aunque sé  un "más que menos" de inglés, me aterra hablarlo.

Como una hora después... llegó la tutora y corriendo tras de ella la practicante quienes se hicieron cargo del grupo, y les agradecí infinitamente su presencia, claro en mi pensamiento; pues mi mente no lograba avanzar de ese estribillo y los chicos ya se estaban cansando. De haber seguido así habrían sucedido dos cosas: 
1. O los chicos aprendían, finalmente, el estribillo. 
2. El salón se volvería a convertir en la jaula de cotorros mientras mi mente discurría otra acción. 

Al término de la clase fui por mi oficio de comisión a la dirección. Generalmente el director está ocupado y no tiene tiempo para socializar... sin embargo ese día estaba afuera de su oficina -como esperándome-. Le saludé y agradecí la oportunidad de que los chicos contaran con un espacio para realizar sus jornadas de práctica. Y el sólo sonrío mirándome fijamente a los ojos. 
No pude evitar leer en ellos un jejejeje... "¿no que no tronabas pistolita?"


  
La Escuela No. 4. Tercera parada...