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Los textos aquí presentes son de los estudiantes de la Escuela Normal Superior Oficial de Guanajuato... algunos son creaciones de la asignatura de Estrategias para el Estudio y la Comunicación y otros... en esos ratos en los que se entrecierran los ojos y te evades ligeramente de la realidad.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

De cómo Don Quijote llegó a San Diego y de las cosas que vivió al llegar.




Después de una de sus muchas aventuras, lo mismo con ovejas, que con molinos, o con presos y carceleros, Don Quijote se vio envuelto en una de las cosas que más temor le causaban: los famosos encantamientos de las malvadas hechiceras del orbe.

Después de salvar a una hermosa dama de las garras de un maleante, éste por medio de una alianza diabólica le lanzó un conjuro y lo envió a tierras lejanas. Quiso la buena suerte de tan gentil caballero que las líneas del misterio se enlazaran con los caminos de Guanajuato. De tal manera que, con un estruendo pavoroso y en medio de una gran polvareda, el enjuto y valiente hombre vino a dar a San Diego de la Unión. Como el aterrizaje no estaba en el plan del encantador, el buen señor dio con toda su humanidad en el duro piso de la plaza principal. Como pudo se levantó y fue a dar con los huesos doloridos hasta la iglesia de San Diego de Alcalá.

El señor cura de nombre…, bondadoso y magnánimo, como suelen ser los hombres de su condición, al ver aquel ser maltrecho y desvalido, se apresuró a brindarle ayuda, no sin antes esquivar ágilmente un accidental golpe que nuestro personaje, en su andar inseguro|, por poco le acierta en la cabeza.

No sin dificultad le despoja de la vieja y oxidada armadura y le acomoda en una de las bancas de la iglesia. Presto manda a una de las “siempre atentas” miembros de su feligresía por un ungüento para curar todo tipo de maltrecheses y magulladuras. “No…”, le replica el gentilhombre, “…que en mi alforja de mi fiel corcel tengo el mejor de todos los que hay en el mundo y sus alrededores, hállase dentro y es mi deseo mesmamente que enseguidas vaya esta bella dama por él…”  Dado el lamentable estado del Quijote, no pudo más que sentir lástima y se apresuro a ir por la botella del citado y milagroso ungüento, que no era más que agua mezclada con sal, pero dada la locura de aquel ser, le parecía no solo antibiótico, sino antiinflamatorio y antipirético.

Con un emplaste por cura salió luego de la parroquia y se encaminó hacia donde con seguridad le esperaban mayores aventuras y desagravios de indefensos y menesterosos…

Aciertan a pasar por allí un grupo de mozalbetes, inquietos y traviesos como solo ellos pueden ser, que llevaban en ristre a un pobre perro que en la calle se encontraron, con un varejón, cuya punta afilada lastimaba el trasero del pobre animal que aullaba lastimeramente.

“Alto en nombre de la más bella dama que en el universo existe, la dulce y tierna mujer que mis sueños ocupa y mis ratos de ocio también aligera, de aquella por quien mi corazón palpita y sufre…etc.” “Dejad al pobre animal que en esto de pelear solo lo hace por defender su territorio y sus crías…” Y combinando decires con haceres se avalanzó contra los chamacos lanza en ristre. Los chiquillos al ver tal se asustaron y corrieron a esconderse los unos dentro de la iglesia, otros atrás de las plantas, quien dentro del edificio de la presidencia…

Al ver aquello, el de la Triste Figura decidió descansar y fue a sentarse en una de las bancas del jardín. Lanzaba grandes y nostálgicos suspiros…quien sabe si por la dama de sus penares o por estar lejos de su tierra y de su patria.

Al rato se juntaron los chiquillos y decidieron tornar a la bola anterior para tomar venganza. Se parapetaron atrás del kiosco, no sin antes juntar puñados de piedras para lanzar sobre la humanidad de aquel que les había propinado tal susto. En esas estaban a punto de lanzar la primera piedra, cuando de la nada les cayó encima un personaje gordo y más bien corto de estatura, cuya suerte fue mejor que la de su amo,  pues quiso la buena fortuna que su aterrizaje fuese más cómodo. Los muchachos ahora sí se desperdigaron por las semioscuras callejas del pueblo.

Era la hora del crepúsculo. Las líneas doradas del sol adornaban el cielo en un atardecer romántico, cuando Don Quijote y su fiel escudero cayeron en tierras sandieguenses, donde pasarían muchas y variadas aventuras…de las cuales se dará cuenta en capítulos subsecuentes.



Este cuento fue escrito por el Mtro. J. Lourdes Méndez Tovar, a quien cariñosamente llamamos Lulú. Incansable maestro que labora en la supervisión de telesecundaria de San Diego de la Unión, Gto. Además de las matemáticas disfruta de escribir, de aprender constantemente y de promover que su zona sea una zona que ofrezca diferentes oportunidades a sus estudiantes y docentes. Cree vehementemente que si los docentes están mejor preparados la educación será mejor. 

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